RAFAEL CATALÁ
   
 

símbolo del 240 aniversario de Rafael Catalá

240 años de tradición sedera de la familia Catalá

 

Casi dos siglos y medio dan para mucho; momentos dulces y momentos amargos. Luces y sombras en la historia de una empresa que generación tras generación, ha sabido heredar, aprender y transmitir la tradición en el noble oficio del arte la seda.
 
Todo este tiempo transcurrido se puede contar con palabras, pero también, a través de las experiencias de todas las personas que han hecho que hoy RAFAEL CATALÁ sea una empresa orgullosa de su pasado, con un paso firme en el presente.
 
En el siglo XVIII en Valencia, la seda vive un momento de gran esplendor. Centenares de familias valencianas trabajaban en torno a esta actividad, entre ellas, la de Salvador Catalá, que se dedicaba a la fabricación de terciopelos, espolines, brocateles y damascos en el barrio de Velluters.
 
En 1855 nace Rafael Catalá Fayós. Sus inicios no fueron fáciles, se quedó huérfano de padre, por lo tanto, del maestro que le hubiera formado en la tradición sedera. Con 17 años comenzó como aprendiz en una fábrica de terciopelo. Más tarde viajó a Lyón y posteriormente a Sevilla para adquirir una gran formación y habilidad técnica.

Después de este periplo, tal como hizo su abuelo, monta un taller en el corazón del barrio de Velluters, desde donde se empieza se forjar un nuevo periodo. El alto clero era el principal cliente que demandaba casullas, capas pluviales, etc. de una gran riqueza ornamental.

En la calle Alta valenciana, entre telares de madera, como mandaban los cánones de los buenos tejedores de la época, nace su hijo Rafael Catalá Benlloch, quién garantiza la continuidad de la tradición familiar. 
 
En 1897 Rafael Catalá Fayós, funda la empresa en Paiporta motivado por la exigencia de unas instalaciones más grandes. Desde aquí se dedica a la manufactura de hilados, torcidos y tejidos de seda.
 
En esta época la actividad sedera estaba controlada por el Colegio del Arte Mayor de la Seda que garantizaba la calidad del género valenciano que era exportado a toda Europa.
 
El proceso de creación se caracterizaba por ser artesanal, a lo que se va a unir paulatinamente una industria más mecánica que ayudaba a responder a la demanda cada vez más creciente. 

 

En 1902 RAFAEL CATALÁ de la mano de Rafael Catalá Benlloch comienza a exportar a EE.UU. y al norte de África.

Hasta 1930 RAFAEL CATALÁ solo utilizaba la seda natural como hilatura, pero a partir de entonces, Rafael Catalá Vicente incorpora nuevas materias primas como algodones, linos o viscosas. De este modo, se cimentó un gran prestigio que se mantuvo hasta 1936.

Con el estallido de la Guerra Civil en 1936, Rafael Catalá, tuvo que destinar parte de su producción a fabricar paracaídas para el ejército republicano.

En 1940 RAFAEL CATALÁ intenta recuperar su proyección internacional acudiendo a diferentes ferias internacionales, entre ellas la Exposición Universal en Nueva York.

A partir de 1979 de la mano de su actual presidente Alberto Catalá Ruiz de Galarreta, se impulsa la modernización textil, a fin de dotar a la industria de un mayor dinamismo. Se incorporan técnicas modernas como telares electrónicos, equipos informáticos de diseño textil y maquinaria de alto rendimiento. Todo esto agiliza el proceso de producción y permite que las telas valencianas estén en el mercado internacional.
 
En 2003 RAFAEL CATALÁ dejó la centenaria fábrica de Paiporta para trasladarse a Albuixech, en donde la firma cuenta con unas modernas instalaciones que permiten dar una ágil respuesta, a las demandas de sus clientes.
 
La empresa ha sabido mantener los antiguos telares del siglo XVIII con las primitivas máquinas Jacquard. En estos telares se siguen tejiendo los espolines con hilo de seda, oro y plata de gran valor artesanal, destinados a la confección de los trajes de valenciana.
 
En la actualidad, RAFAEL CATALÁ posee un archivo de incalculable valor histórico a base de dibujos, muestras y cartonajes.
 
Hoy esta empresa se puede enorgullecer de haber superado los momentos más críticos de la historia mundial, hasta convertirse en prácticamente los únicos supervivientes dedicados a una actividad que ocupaba a miles de familias dos siglos atrás.
 
A lo largo de casi 240 años de historia, muchos hitos pueden narrar la historia de esta empresa, desde la tela que vistió el dormitorio de los Kennedy en la Casa Blanca a los tejidos en seda que se hicieron para confeccionar los vestidos nupciales de la Infanta Cristina y la princesa Letizia.

 
         
 

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